miércoles, 14 de octubre de 2015

Las despedidas se servirán frías

No me pidas llegar a fin de mes
Porque amores que matan nunca mueren

 Sabina

Al principio, este dolor era tan tenue como la brizna desprendida de una nube arañando mi corazón: se limitaba a impedir que me deleitase con la visión del paisaje montañoso de Suiza, o ensombrecía mi interés por las ancianas ruinas de Roma. Más tarde, me sentí gradualmente cansado de la vida, agotado de mí mismo. Una angustia desgarradora me atenazó. Ahora, los remordimientos se han asentado en las profundidades de mi corazón y se han transformado en simples sombras.
Mori Ogai


Estoy cansado de caminar. Cansado de querer luchar por conseguir ese esfuerzo necesario para respirar. Respirar para poder estirar el tiempo. Tiempo tan necesario. Tan vital.
Estoy cansado. No quiero abandonar la lucha por la vida. La batalla entre guerreros de sombras. Entre fantasmas gigantes que me impiden avanzar hacia un horizonte sin brújula.
Estoy demasiado cansado de vivir sin vida. De respirar sin aire. De nadar en pleno desierto luchando entre la soledad y el sofocante calor de mi sangre, hirviendo en los ríos de mi cuerpo. En mis venas.
Estoy cansado. Mi lucha es verdadera pero sin ganar la carrera. Me siento abatido por mi vida. Necesito una máquina nueva que me impulse más y mejor, hasta llegar a conseguir alguna meta de sueño para siempre. Pero… ¿qué es siempre?…Me llamo principio y final. Carne y cenizas. Energía y soplo.
Estoy cansado de esquivar tormentas. De subir empinadas pendientes cada día, cada noche. De comer el pan redondo o alargado. De beber sin sed. De tragarme a la fuerza lo que no quiero comer. De escuchar el zumbido permanente en mis oídos.
Cansado, muy cansado de lo establecido. De lo impuesto. De lo ignorado. De los fantasmas con traje negro y pálidos de cara, como zombis de pacotilla. De escaleras torcidas que te vuelcan para que no puedas elevarte. De quien le pone techo al cielo para que no lo alcance.
Estoy cansado de miradas de reojo. De esquinas que ocultan hombres que se creen hombres. De escuchar los golpes sobre el tambor de mi cerebro. Esos martillazos de yunque forjando guerreros de hierro. Fríos pero fuertes y robustos. Sólo tienen cuerpo. No les hicieron cabeza porque no la necesitan.
Estoy cansado de caminar por terrenos pantanosos, como trampas que me ponen a cada paso descalzo. Pretenden que pise en falso. Que me hunda en el fango. Que desaparezca de la vista de los que a hombres no han llegado. Que mis ojos no puedan ver por lo que ellos cegaron.
Cansado de ser, quien ellos quieren que sea. Creen que no tengo fuerzas, pero donde hay siempre queda. Cansado de la estupidez estúpida. De la mirada irónica. Del concepto anticipado y absurdo sin saber quien soy y lo que doy. Del aíre contaminado cuando pasan por mi lado.
Sí, estar cansado no es rendirse, pero si asqueado de que te pisen. De que pretendan que comulgues con hostias de pan de piedra. Con ruedas de molino. Con cuentos de dioses falsos. Con consejos de traición. Con palabras de cobarde. Con sonrisas de tirachinas de gomas falsas. Estiradas cuando pasas. Encogidas a mi espalda.
Cansado de corazones generosos cerrados con cremallera. De promesas de despacho. De compromisos de hombres falsos. De palabras incumplidas. De ofertas de paraísos. De pájaros de cartón. De caricias como zarzas. De besos de babas pegajosas que siempre están buscando algo. De apretones de manos que ya perdieron su encanto.
Estoy cansado de todo el que cree que anda, pero siempre está parado. Del pensamiento creativo de ilusiones sin saldo. Del regalo de colores de arcos iris tan falsos. Daltónicos por conveniencia. El engaño no es regalo.
Bastante cansado del amigo, que siempre me ha utilizado. El sabe que lo se. Yo sé que le ha llegado. Cansado de ese brazo sobre mi hombro, que no siento lo deseado. Que la amistad en negativo, hace del brazo un legado. Falso. Pesado. Vacío. Acabado.
Cansado de mí retrato. Ese que ellos pintaron. Lo hicieron sin mi permiso. Sin dejarme posar para lograrlo. Pues esos pintores falsos, se inspiran en las musas de su fracaso. Ya no quiero ese retrato. Dadle la vuelta. Borrarlo.
Estoy cansado, si, muy cansado. Necesito descansar. Pero quiero dejar muy claro, que tendríais que superar mis virtudes, para poderme tumbar. El cansancio no me rinde. Me da más fuerzas para luchar. Me hace más poderoso, ante una sociedad banal.
El amor es mi espada de lucha. El cariño un arsenal. Mi sonrisa un pasaporte, y mis ojos…un cañón descomunal.

Francisco Ortega Bustamante.

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